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El candidato del TikTok

Por: José Obdulio Espejo Muñoz

No tiene un programa de gobierno serio y conocido. Su lenguaje es tan procaz como su comportamiento público. Considera a Hitler un gran filósofo y utiliza parábolas y símiles «criollos» para proyectar sus ideas sobre cómo gobernaría a Colombia si es elegido presidente en tres semanas.

Asistió a muy pocos debates organizados por los mass media, donde se caracterizó por un lenguaje «dicharachero», propuestas desencajadas e inverosímiles y señalamientos de corrupción a todos y cada uno de sus contendores de campaña. De hecho, mientras ‘Fico’, Petro y Fajardo, se atendían entre sí ‒entre indirectas y reproches en estas jornadas de la prensa‒, él encendía su teléfono móvil para conectase con su electorado a través de redes sociales como TikTok y Twitter.

Con un muy particular «nadadito de perro» logró que casi seis millones de colombianos votarán por él, desplazando a la tercera casilla a quien muchos daban como el seguro contendor de Gustavo Petro en la segunda vuelta de las presidenciales. El ingeniero santandereano Rodolfo Hernández se convirtió entonces en la vedette y el gran vencedor de la jornada electoral que concluyó hace escasas horas.

Este es el gallo “tapao» y de pelea que este domingo le salió en el palenque al rey del populismo en Colombia ‒confieso de paso que no lo había tomado en serio‒, quien hoy, por primera vez, ve peligrar su trono ante un discurso más populachero y ultra populista que el de él, discurso que sale sin filtro de la boca de este menudo hombre sexagenario nacido en Piedecuesta.

Hernández es, a mi juicio, una especie de Donald Trump, pero con “colombianada” y todo. Ya ha dado pistas de ser un autócrata y reyezuelo con tintes de tirano, al que poco le importan los convencionalismos y las formalidades y que considera, además, que regentar un país es como administrar una tienda de barrio, una miscelánea o el negocio inmobiliario que le ha dado parte de su fortuna.

A diferencia de Uribe, el pandemonio y archienemigo que idearon los estrategas del petrismo ‒para jalonar votos para sí y de paso incendiar el país en los últimos años‒, Rodolfo Hernández no amenaza con «darle en la jeta» a quien se salga de su redil o se convierta en su contradictor,  sino que, de hecho, se enciende a trompadas con cualquiera que desafié sus decisiones, como en efecto lo hizo cuando era alcalde de Bucaramanga.

Su gestión al frente de la Ciudad de los Parques no fue la mejor y dejó serias dudas sobre su real capacidad como administrador de lo público. Sin embargo, en este país de amnésicos, sus grises antecedentes y su cuestionable condición de estadista no fueron óbice para que una gran masa inconforme y antisistema lo colocara a unos metros de ocupar el solio de la Casa de Nariño.

Opino que Colombia dio ayer un gran salto al vació cuando optó por este camino en la carrera presidencial para enfrentar al candidato de las bolsas negras con dinero, alianzas con cuestionables varones electorales y de la filosofía del «todo vale», quien, dicho sea de paso, denotó cierto dejo de terror durante su discurso triunfal en el Salón Rojo del Hotel Tequendama.

Lo único cierto es que, si Petro genera incertidumbre, Hernández mucho más, como quiera que nadie sabe a ciencia cierta cuál visión de país tiene en lo político, lo económico y lo social. Él, además, no contaría con una bancada en el legislativo. El país que no quería a un populista en la presidencia debe elegir entre dos caras de una misma moneda: el populismo a ultranza de Petro y el neopopulismo de Hernández. La única certeza sobre él es que su hasta hoy desconocida fórmula vicepresidencial supera con creces en el ser, el saber y el actuar a la errática propuesta a la vicepresidencia del Pacto Histórico.

No estoy seguro si ese discurso casero y de barriada le alcance al candidato del TikTok para ser presidente de Colombia y si, como dicen algunos analistas, los votos de ‘Fico’ Gutiérrez se sumen a los del ingeniero Hernández, pero lo único cierto es que esta contienda presidencial pasará a los anales de Colombia como una de las más sui generis de nuestros dos siglos de vida republicana.

Colofón: Las elecciones de ayer nos dejaron, en mi opinión, dos lecciones. La primera, que el país está cansado de los mismos (de derecha, de centro y de izquierda). La segunda, que los debates presidenciales, tratando de imitar a Hernández, le “valen huevo” a una inmensa mayoría de colombianos.

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