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En tiempos de moral, cualquier opinión popular es trinchera

Por: María Alejandra Ruiz Rodríguez

Desde que se anunció la supuesta “operación militar especial” por parte de la Federación de Rusia con la excusa de desnazificar a Ucrania y ayudar a independizar la región del Dombás, ha sido una postura impopular dentro de la comunidad internacional apoyar y estar a favor del accionar del “gran oso ruso”.

La mayoría de los Estados concuerdan, razonablemente, en que esto constituye una grave violación, no solo a la soberanía, sino a la libertad de un Estado independiente como lo es Ucrania, el cual es completamente capaz de decidir a qué organizaciones quiere pertenecer; además, catalogar este evento como “una guerra” es completamente ilegítimo, pues carece del cumplimiento de los protocolos que están estipulados en el ius ad bellum.

Si bien para nadie es un secreto que Irán y Rusia comparten más que intereses, a nadie sorprende la posición que Irán ha decidido tomar frente a la “amenaza” que sufre su hermano mayor, eso sí, sin descuidar su imagen como si no fuera lo suficientemente impopular.

Por un lado, se sabe que Irán siempre se ha preocupado por mantener una “buena imagen” dentro de la comunidad internacional, para así, poder tener una mayor recepción entre las opiniones, aunque se ha visto el caso de las sanciones a favor de su lucha en contra de Occidente.

La cara que proyecta, a toda costa, va de la mano con la opinión que es considerada popular entre los Estados que conforman la comunidad internacional, pues a pesar de haber sido uno de los 24 Estados que votó en contra de suspender a Rusia del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, se mantiene firme en su postura de rechazar cualquier mecanismo de violencia, como lo es la guerra, para solucionar alguna disputa de intereses entre Estados con roles antagonistas.

Esto parecería indicar que Irán clama por una solución política lo antes posible para la situación que enfrenta su aliado con Ucrania, y no solo eso, sino que a diferencia de lo que dicen los Estados Unidos sobre Irán, este está comprometido con el mantenimiento de la paz en el mundo.

Su compromiso es tal que, incluso, se ha ofrecido a brindar ayuda humanitaria y atender a las víctimas de la que llaman “crisis” en Ucrania a través de la Media Luna Roja Iraní, y se ofrece también a facilitar el intercambio de soldados muertos y tener acceso a prisioneros de guerra.

Sin embargo, lo que sobresale es que no desaprovechan la oportunidad para introducir la dicotomía de “los buenos” y “los malos”. En este caso, se ha encargado de culpar a Occidente, encabezado por los EEUU y la OTAN, por victimizar a Ucrania con sus políticas y provocaciones que crean conflictos tanto en la región como en el planeta, además de amenazar –para ellos– gravemente la soberanía y supervivencia de los que no están del lado de Occidente.

El discurso de víctimas de Occidente suena familiar porque termina siendo reincidente. Se ha dicho de Venezuela, Afganistán, Siria, y hasta el mismo Irán se vende a sí mismo como una víctima de Occidente y los vende a ellos como opresores que no permiten que los pueblos del mundo prosperen para poder esclavizarlos a su antojo.

Tanto quiere Irán legitimar esta narrativa que ha llegado a usar como publicidad citas de las reuniones que ha sostenido su ministro de Asuntos Exteriores, Hossein Amir-Abdollahian, con sus colegas en otros países sobre actores que tienen un poco más de prestigio en el sistema internacional; caso concreto: Irlanda, Hungría, Eslovaquia, Turquía, incluso la Cruz Roja Internacional, en los que todos coinciden que se debe buscar una solución democrática para la situación que afronta Ucrania, presentándose a sí mismo como un actor relevante y que tiene influencia dentro de la comunidad mundial.

No obstante, para las personas que saben leer entre líneas, es claro que aunque Irán se declare a sí mismo como un pacifista de sepa, justificar el accionar de Rusia y decir que solamente responde a un acto de defensa ante la amenaza por parte de la OTAN de expandirse militarmente a través del continente europeo hasta sus fronteras, por lo cual se encuentran en peligro su soberanía y seguridad nacional, no es más que una legitimación de la invasión de un Estado a otro, y de la forma más insolente.

Pero, como hoy en día una tener buena imagen lo es todo en un mundo que cada vez está más globalizado, es necesario recurrir a este tipo de perfidias para lograr que las personas compren lo que uno dice, sin siquiera ponerlo en duda, porque en una Tierra donde todo es subjetivo, ¡todo se vale!

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