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La necesaria lipoescultura al Estado

Por: Carlos Noriega

Siendo consciente de que la oposición en Colombia está exclusivamente en manos de esos casi once millones de electores que vemos con mucho recelo el proyecto país que representa Gustavo Petro, vi necesario buscar esas voces expertas en diferentes áreas para aprender y transmitir, que caminos nos quedan para defender las libertades ante un posible gobierno autoritario.

En dicha búsqueda, me tope con un tweet del señor Fabio Humar, abogado penalista, el cual sentenciaba que “solo nos quedan las cortes”, en referencia a, precisamente, una de esas vías que la oposición tiene para hacerse sentir. 

Sin demora alguna invite al señor Humar a un entrevista transmitida por YouTube -ver video aquí-, para abordar con seriedad y bajo su vasta experiencia ese camino legal que tiene la oposición para atajar cualquier intentona de Petro de transgredir los derechos y libertades civiles de los colombianos -con especial énfasis en los políticos y económicos-.

Durante el transcurso de esa hora y algo más de amena y frutífera charla -que sugiero ver-, surgió el muy necesario tema de reducir al hipertrofiado Estado colombiano, punto en común en varias vertientes de derecha. Sin embargo, llegados a la obvia conclusión de que en manos de Petro sucederá exactamente lo contrario, quedo solo la amarga pregunta de ¿Hacia dónde crecerá?

Y no es cualquier pregunta. Como bien lo señalo el señor Humar durante la entrevista, la distribución geográfica de la presencia Estatal y su oferta es profundamente desigual en Colombia. No es lo mismo pregonar la reducción del Estado a las afueras de la oficina de la Secretaria de Hacienda en la ciudad de Barranquilla, que posee una de las más completas ofertas institucionales a nivel nacional, que hacerlo en las cercanías del puerto del Choco bajo el yugo de varias fuerzas al margen de la Ley.

Por eso, muy elocuentemente, Humar sentencio que el Estado colombiano más que una liposucción, requiere primero una lipoescultura; cosa con la que estoy totalmente de acuerdo. Se debe extraer esa densa grasa burocrática que reina, cual nobleza del siglo XV, en las ciudades capitales y redirigirla hacia las regiones donde todavía la gente no sabe que es llamar a la policía, o acudir a la justicia para solucionar los problemas.

Es más, dado la narrativa imperante en este país, estamos en mora de crear un índice de desigualdad de la oferta estatal a consecuencia de la ineficiencia del gasto. Cosas desastrosas como la Secretaria de la No Violencia en Medellín o el gasto desbordado en márquetin de Claudia López en Bogotá, deberían causar muchísima indignación y severos castigos debido a su desvergonzado desperdicio de recursos monetarios, en un país donde la falta de agua potable es la regla y no la excepción.

La oposición, además de ser la guardiana ante cualquier abuso o transgresión del Petrismo, debe también exigir que ese inevitable crecimiento estatal, por lo menos, se vea reflejado en esas zonas donde por años tener energía eléctrica es un lujo, y no en camionetas blindadas y puestos corbata para los amigos del autoritario de Palacio. 

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