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Los retos del nuevo MinDefensa

Por: José Obdulio Espejo Espejo

De los ministros designados para conformar el gabinete del presidente electo Gustavo Petro, quizá el nombre más esperado y controversial fue el del abogado, jurista y diplomático Iván Velásquez Gómez. Lo cierto es que el nuevo MinDefensa –mixtura entre zar anticorrupción y defensor de derechos humanos– no la tendrá fácil, al punto que recibe su despacho con un plan pistola del Clan del Golfo que cobró la vida de más de 30 uniformados.

En el horizonte también se vislumbran hostigamientos a la Fuerza Pública atribuidos a las disidencias, audiencias de reconocimiento de responsabilidad de militares en la JEP por cuenta de los «falsos positivos», la reingeniería castrense que pregona el informe de la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad (CEV) y presuntos casos de corrupción en las filas militares y de policía.

Entonces, seis serían sus retos iniciales. En primer lugar, comprender que su cartera desarrolla acciones en dos frentes, disímiles en su enfoque y naturaleza, pero correlacionados: la seguridad pública y la defensa nacional. Por aspectos misionales y doctrinales, la seguridad debería ser del resorte exclusivo de la Policía Nacional y la defensa correspondería al conjunto de las Fuerzas Militares, pero en la praxis no es así.

En materia de seguridad, la Ley 1908 de 2018 definió dos tipos de amenaza para el Estado: los Grupos Armados Organizados (GAO) y los Grupos Delictivos Organizados (GDO). Unos y otros le declararon una guerra sin cuartel al gobierno Duque en sus últimos días, recrudeciendo su accionar luego del ofrecimiento de paz del mandatario entrante. Velásquez Gómez tendrá que desenredar la madeja de este zambapalo desde los ámbitos estratégico, operacional, táctico y jurídico.

En defensa, los retos, verbigracia, pasan por el reemplazo de activos estratégicos del país, como los aviones tipo caza de la Fuerza Aérea. Estos son cardinales para combatir flagelos como el narcotráfico, toda vez que los GAO y los GDO trabajan en llave con estructuras internacionales del crimen organizado dedicadas a la comisión de toda suerte de crímenes transnacionales.

En esta lista negra aparecen también otras modalidades del crimen transfronterizo diferentes al narcotráfico –en el que todos centran su atención, incluso el nuevo gobierno–, desconociendo que la ubicación geoestratégica de Colombia la convierte en epicentro y plataforma de lanzamiento para el tráfico de armas del mercado negro o de seres humanos procedentes de África, Asia, Centroamérica, el Caribe y hasta de la Europa oriental.

Aquí se presentaría un nudo gordiano en la intención de trasladar a la Policía de la cartera de Defensa a la del Interior o la proyectada de la Paz y la Seguridad, iniciativa de Petro, que, ¡vaya coincidencia!, también propuso Francisco De Roux en su espurio informe de la CEV y ha sido una recomendación recurrente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Los palos en la rueda de este reto pasan por temas presupuestales, administrativos y, más delicado aún, estructurales. La Policía y las Fuerzas Militares han depurado sus procesos para ejecutar operaciones conjuntas y coordinadas, canalizando sinergias que les han permitido asestar golpes quirúrgicos a los GAO y GDO. Disolver este matrimonio de la noche a la mañana podría ser catastrófico.

El traslado de la Policía implicaría per se un ajuste del articulado de la Constitución Nacional, que claramente define su naturaleza civil y no militar como arguyen los promotores de la iniciativa, además del peligro de que el organismo adopte el rol de policía política de los gobiernos de turno. El caso de Venezuela es bastante ilustrativo al respecto.

El cuarto reto de Velásquez Gómez es en teoría el más fácil, pues tiene que ver con probables hechos de corrupción. Según una fuente confiable, su designación sería fruto de indicios y posibles hallazgos que habría encontrado la comisión de empalme durante las reuniones con los funcionarios del sector Defensa de la administración Duque.

En el Ejército revisaría los gastos reservados y la compra de dotaciones, raciones de campaña y repuestos para aeronaves de ala fija y ala rotatoria, y en la Fuerza Aérea, la adquisición de repuestos mayores para aviones Hércules y helicópteros. Black Hawk. La piedra en el zapato de la Policía estaría en la entrega de dotaciones, en especial la confección y suministro del nuevo uniforme.

El tema de los derechos humanos aparece igualmente en el radar del nuevo MinDefensa. En su imaginario y el del Pacto Histórico está sembrada la idea de que no existe suficiente capacitación de los uniformados de las Fuerzas Militares y de Policía en estas materias y por eso se presentan constantes abusos de autoridad y graves violaciones de derechos humanos. Nada más alejado de la realidad, como quiera que esta temática es transversal en las mallas curriculares de las escuelas de formación y capacitación de la Fuerza Pública. 

El quid del asunto está en el cumplimiento de estos mandatos in situ, en el entendido de que sobrevienen factores de diversa índole, entre estos la procedencia y formación previa de muchos uniformados, algunos de ellos criados en entornos violentos en el hogar y/o comunitario. Aquí el reto es encontrar el balance de lo que se aprende en la instrucción y lo que se aplica individualmente en las operaciones y procedimientos.

El sexto reto inicial del nuevo MinDefensa está relacionado con la administración del recurso humano del sector. Velásquez Gómez debe tejer confianza y ganarse a pulso el respeto y el respaldo, no sólo de los mandos sino de los cuadros y las bases. Para nadie es un secreto que sus comentarios pasados en redes sociales sobre la Fuerza Pública, especialmente en Twitter, generan resistencia natural a su nombre y figura.

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