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El tortuoso tránsito de la oposición y el activismo a gobernar

Una cosa es hacer oposición o activismo y otra muy diferente gobernar.

La diferencia entre las dos cosas empieza hacer entendida por quienes están pasando de una condición a la otra, como el propio presidente Gustavo Petro y uno de sus escuderos más controvertidos el senador Gustavo Bolívar y algunos ministros del gabinete.

Resulta por lo menos curioso ver al líder de la “primera línea” que incendió el país para oponerse a una reforma tributaria y a políticas como el aumento en el precio de la gasolina que ahora salga sin ponerse colorado a defender la necesidad de aumentar el precio de la gasolina de un solo envión.

Eso, según explica, es lo que tiene que hacer un gobierno que se considere serio. Y el de Gustavo Petro, según Bolívar es un gobierno serio.

El senador Bolívar qué patrocino el bloqueo de ciudades, carreteras y sistemas de transporte masivo para oponerse a la reforma tributaria de Alberto Carrasquilla ahora también defiende la necesidad de aprobar una reforma tributaria mucho más drástica y fuerte que la que proponía el hoy codirector del Banco de la República.

Ver para creer. Y si, es que una cosa es el activismo y otra el gobierno como bien se lo dijo el fin de semana el presidente del congreso, Roy Barreras a la ministra de minas y energía, Irene Vélez, aunque ese mensaje podría ser aplicado para todo el nuevo gobierno.

El presidente ya entendió y anunció que aumentará el precio de la gasolina. Aún no se sabe si retomará la senda de los ajustes graduales o si atiende la recomendación de algunos de sus asesores que le dicen que lo mejor es darse la pela de una buena vez y pasar el precio del galón de $ 9. 000 a $16.000 ahora que están en la cresta de la popularidad.

Después les va a resultar muy difícil y no van a tener la cercanía del gobierno anterior para echarle la culpa de todos los males que aquejan al país.

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Algo parecido les debe estar pasando a los ministros encargados del orden público y la política de paz.

Si de esa Paz Total de la que tanto se habla y que ha llevado al nuevo gobierno prácticamente a paralizar el Ejército y la Policía que no saben cómo actuar frente a la invasión de tierras y predios, como enfrentar a las guerrillas, bandas criminales y delincuentes de todos los pelambres que siguen masacrando gente a diestra y siniestra y llevando a la comunidad, como ocurrió este fin de semana en Landázuri Santander, a ejercer justicia por propia mano.

El fin de semana hubo dos masacres una en Barranquilla y otra en Santander. En ninguna hubo reacción oportuna de la Policía y el Ejército según los testigos.

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Y en el tema de la paz propiamente dicha empieza a repetirse con el ELN lo que ocurrió con las FARC. Y es que una cosa dice Pablo Beltrán desde Cuba anunciando que están adecuando todo para el reinicio de los diálogos de paz y otra muy diferente Antonio García desde las montañas de Colombia o Venezuela asegurando que no le creen a la paz total de Gustavo Petro y que además en su opinión “las guerras son necesarias”.

Como quien dice otra vez la estrategia de dividir en dos al grupo guerrillero para sacar ventaja. Un grupo para sentarse a negociar con el gobierno el retiro de los jefes viejos con una pensión vitalicia de alto valor, perdón de sus pecados y bono congresional y otro grupo dedicado a mantener la retaguardia y los negocios de narcotráfico, minería ilegal y secuestro. Por si acaso.

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A propósito de ese tránsito del activismo al gobierno del que habla Roy Barreras. Estoy por creer que los lapsus y equivocaciones de la ministra Vélez no son tan espontáneos como parece sino más bien una táctica que le sirve al gobierno para poner en primer plano un tema y anunciar las malas noticias en medio de la mamadera de gallo en contra la funcionaria.

En dos temas críticos, tarifas de la energía y aumento en los precios de la gasolina, las “equivocaciones” de la ministra le han servido al gobierno para anunciar medidas controvertidas como la intervención de la CREG y de las empresas de servicios públicos con las que está amenazando si no bajan las tarifas de la energía especialmente en la Costa Caribe.

Mientras la oposición y los opinadores se dedican a burlarse de la ministra en las redes sociales, el gobierno aprovecha para hacer anuncios que de otra manera le costaría mucho trabajo justificar.

Así que esa supuesta dificultad para pasar de la oposición y el activismo al gobierno de pronto es más una estrategia comunicacional para disfrazar la cruda realidad con la que empiezan a enfrentarse los electores de un gobierno al que eligieron porque les prometió crear todas las condiciones para que pudieran vivir sabroso.

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Y Bogotá al garete. Anoche unas 40 personas que cenaban en dos restaurantes del sector del Parkway fueron asaltadas sin que la Policía que tiene un CAI al frente se hubiera percatado de lo que estaba ocurriendo. O hubiera querido reaccionar porque según testigos de víctimas le avisaron a través del celular.

La inseguridad sigue campante en las calles de la capital. El fin de semana el periódico El Tiempo publicó extensos y muy bien documentados informes sobre lo que está pasando en la ciudad con las bandas trasnacionales y nacionales que se disputan el dominio del negocio del narcotráfico.

Sorprende y resulta inexplicable que teniendo toda esa información la alcaldía, la Secretaría de seguridad y la policía metropolitana no hayan hecho nada para desmantelarlas y capturar a sus miembros.

Según el periódico hasta agentes federales de Estados Unidos están apoyando las investigaciones y sin embargo la falta de resultados salta a la vista. Más de 200 atentados cometidos por sicarios en lo corrido del año, 28 cuerpos, algunos desmembrados y con visibles señales de tortura, abandonados en casi todos los sectores de la ciudad.

Extensas zonas y barrios a donde la policía no se atreve a entrar por miedo o complicidad.

Y con todos esos datos nos quieren hacer creer que el gobierno de la ciudad tiene el control territorial.

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El mismo periódico trae otro informe en donde muestra el caos que vive el centro histórico de la ciudad por cuenta de la laxitud del gobierno local con el manejo de las ventas ambulantes, consumidores de drogas y vándalos que destruyen el mobiliario urbano, usan las calles como baño público y se convirtieron en una amenaza que espanta a los turistas del otrora atractivo centro del  Distrito Capital.

En las redes sociales está rodando un video que muestra a dos vándalos arrancando partes de una estación de Transmilenio ante la mirada atónita e impotente de quienes esperaban el bus y sin que los empleados de Transmilenio se atrevan a enfrentarlos.

Los vándalos muy campantes posan para las cámaras con una sonrisa. Como si destruir la propiedad pública fuera un acto heroico, digno de la admiración y el aplauso.

Si es cierto, y no tengo porque dudarlo, que la alcaldesa Claudia López quiere ser presidente de Colombia, pues debería aprovechar los dos años que le quedan en la Alcaldía para demostrarnos que es capaz de gobernar, tomar decisiones y poner orden.

Eso te llaman gobernar. Porque hasta ahora lo que vemos es una ciudad al garete. Y si no es capaz de gobernar una ciudad que tiene todos los recursos del mundo y los medios de comunicación vigilándola como será el desastre al gobernar un país como el que seguramente recibirá el próximo presidente de Colombia dentro de cuatro años si las cosas siguen como van.

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Y si la desorientación de la policía y el ejército a nivel nacional es evidente al momento de reaccionar ante ataques o hechos violentos, ni hablar de lo que ocurrió este fin de semana en Bogotá.

Tres CAI fueron destruidos sin que la policía hubiera reaccionado para defenderlos.

¿La razón? Seguramente tampoco saben qué hacer porque todo está prohibido. El diálogo con los vándalos debe primar sobre la fuerza. Y las comunidades que se quedan sin policía que se jodan.

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Nos vemos mañana…

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