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El espejismo de la Paz Total

Por: José Obdulio Espejo Muñoz

Creo que durante sus años de militancia en el Movimiento 19 de Abril –guerrilla conocida mediática y popularmente como M-19–, Gustavo Petro Urrego, hoy presidente de Colombia y artífice de la propuesta de Paz Total, jamás imaginó que tendría que poner la cara para darle el pésame a los familiares de soldados asesinados en desarrollo del conflicto armado en Colombia y, de paso, visitar a los uniformados heridos y sobrevivientes de una acción de fuerza como la registrada la madrugada del martes en el Cauca.

Los miembros del llamado Frente Jaime Martínez –disidencia de las Farc-EP dedicada al narcotráfico promovido desde la década de los ochenta por el Secretariado y el Estado Mayor Conjunto del otrora movimiento alzado en armas– son los responsables de bajar de su nube al mandatario de los colombianos y a los dos principales escuderos de su romántica idea, es decir a los senadores Roy Barreras e Iván Cepeda.

El brutal hostigamiento a la base militar situada en la vereda Munchique, en Buenos Aires, Cauca, que incluyó una nube de granadas y ráfagas de fusil, puede tener varias lecturas, bien desde lo político, ideológico, delictual u operacional. Para no meterme en honduras, escribiré unas cortas reflexiones desde mi humilde saber como oficial veterano del Ejército Nacional.

Un episodio de esta naturaleza estaba en mora de pasar. Es resultado de una iniciativa como la Paz Total, que, en primer lugar, socava la vigencia del imperio de la ley y, en segundo lugar, no está afincada en una adecuada lectura de la realidad en los territorios donde hacen presencia los “grupos armados organizados al margen de la ley” y las “estructuras armadas de crimen de alto impacto”, si bien persigue una aspiración mayor y de rango constitucional como la paz.

En el primer apartado caben, por ejemplo, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y en el segundo, grupos que no son de naturaleza política y que pueden estar asociados al narcotráfico, la minería ilegal y otras economías ilícitas. Esto parece claro a simple vista, pero la pregunta obligada es en cuál ecuación entrarían las disidencias de las Farc, como quiera que algunas de estas estructuras jamás negociaron con el Estado y otras se retiraron del proceso habanero. Cada uno de estos grupos alega que continúan su lucha política y armada para la toma del poder, pero al mismo tiempo se dedican a narco traficar como se estilaba en las Farc-EP antes de la firma del Acuerdo Final.

Ya lo había advertido el Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga (ICP) a través del Policy Lab intitulado ‘Recomendaciones para la Defensa Nacional, la Seguridad Humana y la Construcción de Paz’. Entre abril y junio de este año, en cinco sesiones de trabajo, más de 50 expertos, desde una perspectiva civil y militar, discutieron sobre las condiciones actuales de la defensa y la seguridad del país. En estas jornadas de trabajo, en especial aquella donde estuvo el senador Ariel Ávila, otro de los cruzados de la Paz Total, se dijo que un ofrecimiento desmedido de paz debilitaría la institucionalidad y sus capacidades para hacer frente a la criminalidad rural y urbana.

Porque la Paz Total comparte el espejismo de paz del acuerdo Santos-Farc. Induce al error, pues hace creer al conjunto de la sociedad que nuestra sexagenaria guerra intestina llegó a su fin. Quizá resulte apresurado afirmarlo sin conocer detalles de las investigaciones de rigor que adelanta in situ la inspección general del Ejército, pero las imágenes conocidas del hostigamiento en el Cauca a través de los mass media permiten inferir que esta tropa se encontraba en estado de relajación.

Ya aconteció durante los años de negociación en La Habana entre el Gobierno y las Farc, si bien el general retirado Alberto José Mejía Ferrero, comandante del Ejército en aquel tiempo, asegura que la institución bajo su comando nunca anduvo a marcha baja. Mi general Mejía, discúlpeme si lo contradigo, pero sus tropas si entraron en plan tortuga en las regiones en el afán de no dañarle el proceso a Juan Manuel Santos.

De ahí que esta mañana rememoré lo que pasaba por aquella época al escuchar y ver las declaraciones que, con relación a los hechos del Cauca, entregó a la prensa el comandante de las Fuerzas Militares, general Helder Fernán Giraldo Bonilla. Me quedaron más dudas que certezas, pues opino que fue poco claro, en especial cuando dijo que sus hombres continuarán ejecutando “operaciones de acción decisiva”, como si el ciudadano de a pie entendiera la jerga castrense.

La única certeza que tengo es que mientras las Fuerzas Militares parecen haber disminuido su tren operacional, en la Colombia profunda del presidente de la Paz Total se siguen presentando hechos de violencia que afectan a los ciudadanos. El asesinato de líderes, las masacres y la criminalidad rampante, son pan de cada día en lo rural y en lo urbano.

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