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El nuevo Pico & Placa en Bogotá, esto nos pasa por pendejos

Durante décadas los gobiernos de Bogotá se han dedicado a maltratar y expoliar a los dueños de vehículo particular.

Es en lo único en que parecen haber estado de acuerdo los alcaldes de todos los partidos, tendencias e ideologías políticas.

Los concejales y políticos de todos los pelambres.

Hay que buscar cómo joder a quienes tienen carro en Bogotá es su consigna.

Durante años nos han cobrado impuestos y contribuciones como la mal llamada valorización.

Nos han impuesto restricciones y obligaciones que hemos admitido, pagado y cumplido.

¿Qué beneficio hemos recibido a cambio? Ninguno.

Los gobiernos de Bogotá han despilfarrado miles de millones de pesos.

Cientos de billones de pesos que los bogotanos les hemos pagado por Impuesto de Valorizacion disque para que construyan nuevas vías. Nuevos puentes y viaductos.

Obras de infraestructura algunas de las cuales no han construido a pesar de que las pagamos hace más de 10, 20 o más años.

Por algunas nos han cobrado varias veces. Otras las han construido a medias.

Pagamos por una avenida de cuatro carriles, pero en realidad construyeron dos.

Los gobiernos de Bogotá han sido cobardes, mentirosos y traicioneros.

Siempre han encontrado una disculpa para justificar la estafa, cómo bien podríamos llamar a lo que han hecho durante todos estos años con quienes tenemos carro.

Algunas de esas disculpas han llegado al extremo de culparnos a los dueños de carro en Bogotá de las consecuencias de la indolencia, el despilfarro y la corrupción de los funcionarios de Secretarías, Institutos, agencias y oficinas públicas cuya razón de ser consiste en diseñar, construir, ampliar y mantener las vías de la ciudad para que los ciudadanos que las pagamos las podamos utilizar.

El trancón, es una de esas disculpas

De manera sistemática los gobiernos de Bogotá nos han dicho que la culpa de la congestión es de los dueños de un carro por el simple hecho de tenerlo.

No de quienes mal gastaron en burocracia la plata que les pagamos para que taparan los huecos.

Ni de los contratistas que se roban la plata que les pagamos mediante toda clase de trampas que van desde la demora excesiva e injustificada de la obras para generar sobrecostos, hasta el uso de materiales de mala calidad o la aplicación de especificaciones técnicas por debajo de las exigidas.

Todo con la complicidad de administradores, auditores, personeros y contralores.

Sí. En Bogotá, resulta que la culpa del trancón no es de quienes se han robado la plata de los ciudadanos, sino de los ciudadanos que la hemos aportado.

¿Y saben qué? De pronto tienen razón.

La culpa es nuestra por pendejos

Por agachar la cabeza y admitir una culpa que no tenemos.

Dejamos hacer y dejamos pasar.

Por no protestar ante el despojo. Ante el abuso.

Ante la incompetencia y la mala fe de gobernantes, legisladores, transportadores y contratistas.

Por comer cuento. Como decimos en Bogotá cuando nos cuentan la historia de alguien a quien tumbaron porque aceptó ideas y argumentos que iban en evidente contravía de los hechos y el sentido común.

Creo que los dueños de carro en Bogotá nos lo merecemos. Repito, eso nos pasa por pendejos.

Solo un pendejo permite que los gobernantes de una ciudad como Bogotá dilaten durante 35 años la construcción del Metro. El sistema de transporte urbano masivo más eficiente inventado hasta ahora.

Los bogotanos somos los únicos pendejos que nos creímos el cuento de que es más eficiente viajar de a uno en patineta, bicicleta o motocicleta que de a cientos o miles en los vagones de un tren o del metro.

Somos los únicos pendejos a quienes autodenominados expertos han podido convencer de que un sistema de transporte masivo es más eficaz y eficiente cuando comparte vías estrechas con semáforos, huecos, perros, peatones, ciclistas y motociclistas a un Metro que se desplaza por túneles y viaductos exclusivos.

Sin contar con la vulnerabilidad del sistema ante los colados, los vándalos y los inconformes que lo bloquean cada que se les antoja porque saben que es la única manera de hacerse escuchar.

Los dueños de carro en Bogotá somos los únicos pendejos que no hemos bloqueado el Transmilenio para decir que ya no más.

Ya basta de cobrarnos dos o tres veces el mismo impuesto para poder usar, que no disfrutar, del carro que compramos para ir a trabajar, estudiar o descansar con un mínimo de dignidad, comodidad y cada día menos seguridad.

Suficiente de castigarnos por ese carro que compramos tratando de ponernos a salvo de quienes manosean y se masturban contra la cola, la espalda o la cara de nuestras madres, esposas, hermanas e hijas en los buses del SITP.

Basta de aceptar la tesis según la cual tener carro es un privilegio cuando en realidad es una especie de escudo contra carteristas, ladrones, atracadores y últimamente contra bandas de piratas que asaltan, hieren y matan en los buses del transporte a plena luz del día.

Ya estuvo bien de permitir que nos sigan recortando el tiempo en que podemos usar un carro por el que pagamos completos los impuestos, contribuciones, revisiones, peajes, sobretasas y pólizas de seguro.

Los bogotanos dueños de un carro no podemos ser los pendejos a quienes el incompetente gobierno de la ciudad va a utilizar para tapar las pérdidas que le causan los colados al Transmilenio con el cuento chino del Pico y Placa Solidario.

Bogotanos y bogotanas dueños y dueñas de un carro particular en Bogotá, llegó la hora de dejar la pendejada.

Tenemos que seguir el ejemplo de los motociclistas. Salir a la calle a exigir respeto. Por nosotros y nuestros derechos.

De exigir equidad, igualdad y justicia.

A menores beneficios, menores obligaciones debe ser la consigna.

A menos horas y días de uso de nuestro automóvil, menos impuestos y contribuciones.

Los bogotanos no podemos seguir siendo los únicos pendejos que pagamos tarifa completa por un derecho que ejercemos a medias.

Llegó la hora de dejar la pendejada.

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